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La rebelión de las Alpujarras

No es la primera vez que rememoramos la época morisca de Las Alpujarras y la posterior expulsión de estos de los abruptos montes que hoy definen nuestra comarca. Buceando por la Red, hemos dado a parar con otra crónica histórica sobre este hecho publicada en el diario digital infoLibre.es. Para aquellos que no estén al tanto de dicho suceso, o para los que quieran recordarlo una vez más, os dejamos con estas líneas.

El día de Nochebuena de 1568, moriscos de las Alpujarras se levantaron en armas. La insurrección pilló por sorpresa a las autoridades locales granadinas, que no tenía medios para ponerle freno, más aún si tenemos en cuenta que los rebeldes se pusieron en contacto con fuerzas musulmanas del norte de África.

Tras dos años de ataques desde los montes y desde las costas, don Juan de Austria (que un año después dirigiría a la flota de Lepanto) aplastó la revuelta con tropas venidas de Italia, Murcia y Valencia. El 1 de noviembre de ese año, 150.000 moriscos granadinos fueron expulsados y distribuidos por el resto de la Península. Las tierras que tuvieron que dejar atrás fueron ocupadas por inmigrantes, principalmente de Galicia.

Esta sería la primera expulsión, y constituiría un antecedente clave: ante la imposibilidad de las autoridades civiles y eclesiásticas de integrar a todo este grupo de población, se optaba por una solución final, es decir, su marcha a otras tierras.

Hay que tener en cuenta que la Contrarreforma católica frente a la reforma protestante estaba en su pleno apogeo, y todas las autoridades mantenían una política de tolerancia cero con las otras religiones. El propio papa Pío V afeó al arzobispo de Granada que era el pastor de la diócesis “menos cristiana de la Cristiandad”, y que le dijese al rey Felipe que “pusiese remedio como aquellas almas no se perdiesen”.

En 1570 se reubicó a los moriscos dentro de la Península, pero la solución de Felipe III fue mucho más drástica que la de su padre.

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